martes, 8 de junio de 2010

Momentos II


Para el monstruo "comegalletas"

Beto: ¿Y, que haces para inspirarte?

Alter-ego: Esperar, oír musiquita, imaginar, recrear

B: ¡Ohh!

A: En esto momento imagino que soy Liza Minelli y que canto Mein Herr, en el Kit Kat Club

B: No sé porque, pero te imagine con un vestido rojo de brillitos.

A: ¡Ha ha ha!

B : Extraña forma de inspirarte

A: Lo sé, eso de las fantasías travestís no está cool

B Insisto, es raro como te inspiras

A: No sé, a mi me parece muy normal


Y usted mi amadísimo lector ¿Qué hace para inspirarse?


domingo, 6 de junio de 2010

I feel stupid

¿Alguna vez han sentido un hueco gigante en el estómago, como si el cuerpo estuviera ausente, pero supieran que sigue ahí por un hormigueo incesante en los brazos?

Han sentido que se les cae la cara y que deben contener el llanto para que no termine por diluirse y pueda escapar por la coladera.

Han tenido ganas de ser un avestruz y esconderse en la arena para ver si logran un silencio metafísico o se han preguntado ¿por qué la conciencia no es un grillo al que uno pueda callar a zapatazos? Alguna vez se han prometido que, ahora sí, esta es la última.

Yo sí, y no es que equivocarse esté mal es sólo que me gustaría hacerlo de una forma distinta para variar.

lunes, 31 de mayo de 2010

Y todo igual

“Para no quedarse sólo uno se llena de fantasmas”
Antonio Porccia





Es cierto que las filas son más pequeñas, pero el sabor del café más aguado. Polvos blancos para darle cuerpo, terrible experimento: de color terroso, agrietado, simple, como de agua con cal. Amargo resultado de economías artificiosas.
¡Yiuk!

No me gustan las cosas simples. Lo simple estafa, no tiene onda. Lo simple es tan simple que no hay forma de describirlo como me gustaría: se resquebraja, se taponea, se diluye, se oscurece.
El poeta Tejada Gómez, dice: “el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo”. Solo lo no simple permanece entonces. Y qué es lo no simple me pregunté: lo no simple no es por fuerza lo confuso, lo abigarrado. Lo no simple es aquello, que a pesar de su claridad, se mantiene con nosotros. Lo no simple es lo “in”

Lo inconcluso;
Lo incurable;
Lo insano;
Lo intolerable;
lo inacabable;

Porque si concluye; si se cura, si es que sana; se tolera, si se acaba. Entonces ya no tendré fantasmas y me quedaré sólo. Por eso pincho tu nombre y no reniego de mis impulsos, por eso te escribo, aun cuando me juré no hacerlo, y nos invento momentos a cada rato. Porque nuestra historia es lo último que me recuerda como se sentía sentir.

sábado, 22 de mayo de 2010

Mesa de número impar

Si a veces me preocupa ser soltero ¿y qué? Sobre todo cuando salgo por ahí y de pronto me convierto en la llanta de repuesto. Una mesa para cinco no es lo ideal. Mi amigo Beto dice que la culpa la tiene Hollywood, probablemente tiene razón. Para los moldes del cine y la televisión las personas soteras –peor aun las divorciadas- de más de treinta son unas fracasada, que deberían utilizar todas sus energías en la búsqueda de una relación para poder aspirar a un poco de felicidad. Por eso yo me niego a buscarla ahora, más vale ir haciendo acopio de fuerzas, no vaya ser que luego hagan falta.

Extraño los episodios de Sex and the City. Maldita la hora en que la Dra Grey vino a atormentarnos con su postmodernidad y sus Mc Dreammys.

domingo, 2 de mayo de 2010

Contracara


Los reflejos son una cosa absurda.
Prefiero las fotografías. En las fotos uno siempre parece feliz.
Lo único que hay que hacer es decir wiskey… y ya está.


Mirarse no es lo mismo que reconocerse.

sábado, 17 de abril de 2010

Los guarda-tiliches

Hay lugares donde el orden es simplemente imposible. Mi abuela siempre decía: “un lugar para cada cosa, una cosa para cada lugar”. Extraña declaración para denotar orden: tal pareciese que existen pues un número determinado de cosas que pueden albergarse en un sitio y por consiguiente un cantidad limitada de espacios para cada una. Ecuación lógica que convierte a todo lo que carezca de un lugar propio en un tiliche. Sin embargo, aun en la casa más ordenada hay espacio para los tiliches, para los estorbos, para los esbozos, para los no usados, para los no se sabe para que sirven, para los que se guardan por si acaso.

Basta revisar dentro de los cajones, los armarios, las alacenas. Bajo los colchones, las escaleras. En el patio de servicio o detrás de las puertas para darse cuenta: los tiliches no sólo se apilan de forma descomunal, lo que es peor, estamos dispuestos a convivir fraternalmente con ellos mientras guarden una pudorosa visibilidad y disimulen su presencia. Nuestra tendencia es entonces, no a procurar el orden, sino la belleza, la armonía.

Actitud civilizada cuando el recogimiento o la selección de los tiliches se contrapone a nuestra tendencia a no querer deshacernos de nada. Así pues no importa si no sabemos lo que es, si alguna vez lo supimos, o si lo que guardamos es sólo una pieza rota o algún sobrante sin valor; lo conservaremos casi siempre por un desmedido temor a que en otro momento nos sea útil.

Por supuesto existe el otro lado de la moneda: aquellas cosas que aunque nos son familiares y utilizamos con frecuencia simplemente no tienen un lugar propio dentro de la casa y terminan revueltos entre los otros tiliches. Dónde se guardan los cargadores, los sacapuntas, las esponjas, las escobas, trapeadores y atomizadores. Los recibos, actas de nacimiento, certificados, recetas médicas y otros papelillos membretados. Dónde las especias, medicinas, la pasta dental o las tejas de jabón. Dónde las brochas y desarmadores, los cepillos, los sujetadores…

Sí, es cierto, existen lapiceros, especieros, maletines, folders, botiquines, joyeros, cajas de herramientas y demás organizadores, creados ex profeso para guardar, contener, acomodar, archivar y almacenar toda clase de objetos. El problema es que cada vez que adquirimos uno con la esperanza de llevar un poco de orden a nuestras vidas lo que ganamos en realidad es un nuevo y potencial tiliche.

miércoles, 31 de marzo de 2010

A veces sueño

A veces sueño con un camino desierto. Una calle de concreto duro y gris por la que camino a paso lento que adquiere ritmo vertiginoso. Tropiezo. Caída brutal en stop motion. El aire se corta con la casi horizontalidad de mi cuerpo. Cuando el golpe es inminente la secuencia termina… el sobresalto inicial se vuelve inútil y se remplaza por el vértigo tramposo que da el precipicio al final del colchón.


Otras veces sueño con Lucifer y lo profundo de los avernos en donde, según Dante, se les daba castigo a los pecadores. Sueño que rodeado de miles de demonios me sujeta violento en un forcejeo interminable que en la eternidad no tiene tiempo, me toma del talón e intenta clavar su trinche en la planta de mi pie izquierdo. Sí, este tampoco se consuma, pero al despertar me siento invadido de un terror cristiano incuestionable que me impide volver a conciliar el sueño si antes no digo una oración.


Últimamente solo sueño con tus muslos y mis muslos en una batalla sudorosa e implacable sazonada con besos suaves.
Tómame
Abrázame
Destrúyeme
Atrápame
Quiéreme
Desgárrame


Llévame de golpe al precipicio del colchón y déjame colgado ahí con la fuerza de mis manos y la voluntad de tu cuerpo. Cuando termines… el diablo puede venir por mí.